jueves, 28 de abril de 2016

EL PEZ MUERE POR LA REVOCA

Han pasado milenios desde aquella vez en que Adán mordiera el fruto prohibido chantajeado por Eva con la sempiterna arma de: “o te comes la manzanita o no hay cuquita”.

Tiempo después, la manzana seguía manteniéndose como el máximo exponente del pecado original, ni los chinos habían logrado hacer una copia barata para sustituirla. Toda esta habladuría metafórica de manzanas, pecado original y cuquita de Eva descendieron a un segundo plano tras la llegada de un titán del pecado moderno: el socialismo del siglo XXI.

En el año 99, el señor Hugo Rafael ganó las elecciones presidenciales en Venezuela y con él llegó el desgraciado arroz con mango socialista. Casi 20 años han pasado, desde que un delgadito exgolpista llenara de promesas cantinflescas a una nación cansada del juego de “papa caliente” que tuvieron adecos y copeyanos durante los primeros 40 años de la era democrática venezolana.

El legado del comandante estornudó por toda américa latina, contagiando de gripe a la parte baja del continente. Años de billete a mansalva, jaladera de bola, hambre, más jaladera de bola, Aló presidente, suéteres de Evo, partidas de softball y lanzamientos rabo e´ cochino, discursos, Fidel, contrapunteo, ¿por qué no te callas?, y una lista interminable de puntos que no quiero seguir recordando.

Hoy escribo contento, primero por Adán, que se que la pasó muy bien con Eva, segundo, pero mucho mas importante, por la convicción que tengo de que el pecado original moderno se disipa y con ello llegan nuevos tiempos para mi país.

Los venezolanos después de muchos años por fin hacen colas dignas, colas para estampar su deseo de cambio en forma de autógrafos. El camino es largo, pero vamos bien, Venezuela se merece algo mejor después de este larguísimo sacudón. Después de tanta promesa cantinflesca se cumple la de siempre: “El pez muere por la revoca… " ¡Vamos Venezuela que todos te queremos que jode!



PD: Después del revocatorio, la manzanita volverá a ocupar el sitial de honor como máxima representación del pecado original.

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