domingo, 1 de mayo de 2016

TE CONOZCO MUY BIEN

Aquella noche en el parque de la Ciudad Universitaria los Tiburones de La Guaira aplastaron a los Leones del Caracas y Oliveros pego par de grand slams.

Un mes de enero, El Chivas estaba sentado en su nube diseñando un personaje de esos agridulces; una puntada de culo en todo su esplendor; un proyecto lleno de incertidumbre; en fin, un ser humano algo alejado de la curva promedio.

La materia prima era escasa, retazos de tela, algo de cuero y un frasco con un fondito de terquedad. A todas luces, las condiciones no estaban dadas para la creación, sin embargo, el mejor arquitecto de la historia no se detuvo en nimiedades y se puso “manos a la obra”.

Pasaron nueve meses, una gaviota un poco gorda y de vuelo intermitente se estrelló contra uno de los ventanales de la Clínica Waraira Repano. Contra todo pronostico, el paquete fue entregado con éxito y El Chivas esbozo un pícara sonrisa: en caso de emergencia, llamen a María, no a mi vieja, me refiero a María la del refrán: “llamen a María”.

La Samba no dejó de tocar hasta bien entrada la noche. Para un fanático de los Tiburones, derrotar al Caracas, propinando semejante paliza, constituye un placer orgásmico de dimensiones universales.

Camisa roja, luego blanca, paso a azul y de pronto después de dos años con el beige, llegó el día de disfrazarse de vigilante, pantalón azul marino, camisa blanca que quedaba grande y el escudo. Ante un auditorio lleno de padres, representantes y recuerdos de actos de fin de curso, el rector del colegio le hizo entrega del diploma de bachiller en ciencias: “no te cortaste el pelo”.

La cirugía tendría lugar un 7 de octubre, aquel test psicológico lleno de manchas sin sentido e interpretación de frases carentes de lógica, daba el último visto bueno para romper y estirar su cuerpo, cosa que nunca ocurrió. Quizás el traje estaba hecho a la medida, no necesitaba de sastrería, eso pensó.

El jardinero central ni se movió, desde que escuchó el sonido del batazo sabía que aquel estacazo se convertiría en el segundo bambinazo de 4 carreras que daría Luis Oliveros aquella noche.

El ensayo de personita 2.0, producto del ensamble de tela, cuero y terquedad, comenzó a forjar una personalidad “cajita pandorezca”, laberíntica y con muchos atajos de risa hacia lugares muy turbios. Un evento de categoría civil tuvo apresuradas consecuencias en la actualización del software de la personita 2.0.


Te conozco muy bien, eres un ser increíble, por dentro eres enorme y se que por eso te sientes muy ajustado en ese cuerpo, debes estirar mucho la mente para lograr la elasticidad necesaria en estos casos de corporeidad insuficiente.
Luis Oliveros era un pelotero del montón, de esos que el traje de héroe no le quedaba bien, aquella noche se convirtió en un personaje para el recuerdo.

Buen clima, un enano medio autista con algo de habilidad con el balón y la creencia en aquello de que “a la tercera va la vencida”, lo trajeron de vuelta a la ciudad de la butifarra. La vida transcurre de forma muy extraña, pero es divertida y El Chivas no se equivoca, es un arquitecto perfecto, todo a su tiempo. Par de ángeles de la guarda y un reciente gurú para concluir una obra maestra. Te conozco muy bien carajito. Por cierto, Luis Oliveros ya debe estar retirado.

PD: Gracias…






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