Aquella noche en el parque de la Ciudad Universitaria los Tiburones de
La Guaira aplastaron a los Leones del Caracas y Oliveros pego par de grand slams.
Un mes de enero, El Chivas estaba sentado en su nube diseñando un
personaje de esos agridulces; una puntada de culo en todo su esplendor; un
proyecto lleno de incertidumbre; en fin, un ser humano algo alejado de la curva
promedio.
La materia prima era escasa, retazos de tela, algo de cuero y un frasco
con un fondito de terquedad. A todas luces, las condiciones no estaban dadas
para la creación, sin embargo, el mejor arquitecto de la historia no se detuvo
en nimiedades y se puso “manos a la obra”.
Pasaron nueve meses, una gaviota un poco gorda y de vuelo intermitente
se estrelló contra uno de los ventanales de la Clínica Waraira Repano. Contra
todo pronostico, el paquete fue entregado con éxito y El Chivas esbozo un
pícara sonrisa: en caso de emergencia,
llamen a María, no a mi vieja, me refiero a María la del refrán: “llamen a
María”.
La Samba no dejó de tocar hasta bien entrada la noche. Para un fanático
de los Tiburones, derrotar al Caracas, propinando semejante paliza, constituye
un placer orgásmico de dimensiones universales.
Camisa roja, luego blanca, paso a azul y de pronto después de dos años
con el beige, llegó el día de
disfrazarse de vigilante, pantalón azul marino, camisa blanca que quedaba
grande y el escudo. Ante un auditorio lleno de padres, representantes y recuerdos
de actos de fin de curso, el rector del colegio le hizo entrega del diploma de
bachiller en ciencias: “no te cortaste el
pelo”.
La cirugía tendría lugar un 7 de octubre, aquel test psicológico lleno
de manchas sin sentido e interpretación de frases carentes de lógica, daba el
último visto bueno para romper y estirar su cuerpo, cosa que nunca ocurrió.
Quizás el traje estaba hecho a la medida, no necesitaba de sastrería, eso
pensó.
El jardinero central ni se movió, desde que escuchó el sonido del batazo
sabía que aquel estacazo se convertiría en el segundo bambinazo de 4 carreras
que daría Luis Oliveros aquella noche.
El ensayo de personita 2.0, producto del ensamble de tela, cuero y
terquedad, comenzó a forjar una personalidad “cajita pandorezca”, laberíntica y
con muchos atajos de risa hacia lugares muy turbios. Un evento de categoría
civil tuvo apresuradas consecuencias en la actualización del software de la
personita 2.0.
Te conozco muy bien, eres un ser increíble, por dentro eres enorme y se
que por eso te sientes muy ajustado en ese cuerpo, debes estirar mucho
la mente para lograr la elasticidad necesaria en estos casos de corporeidad
insuficiente.
Luis Oliveros era un pelotero del montón, de esos que el traje de héroe
no le quedaba bien, aquella noche se convirtió en un personaje para el
recuerdo.
Buen clima, un enano medio autista con algo de habilidad con el balón y
la creencia en aquello de que “a la tercera va la vencida”, lo trajeron de
vuelta a la ciudad de la butifarra. La vida transcurre de forma muy extraña,
pero es divertida y El Chivas no se equivoca, es un arquitecto perfecto, todo a
su tiempo. Par de ángeles de la guarda y un reciente gurú para concluir una
obra maestra. Te conozco muy bien carajito. Por cierto, Luis Oliveros ya debe estar retirado.
PD: Gracias…

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