Una pequeña tienda de
estampillas antiguas es atendida por un señor viejo, como sus estampillas.
Sellos de distintas épocas almacenados en álbumes organizados por fechas y
países de origen, cada uno con una historia, algo que contar…
En algún lugar del mundo, en
este momento, alguien está sentado en un café y escribe una carta, ya no usa
pluma, teclea sobre su ordenador y de fondo suena una versión bien “lenteja” de
You can´t always get what you want, muy
irónico, esa persona esta justamente en ese café porque se levanto
preguntándose por qué no puede conseguir lo que quiere, maybe is because that person won´t get what he wants, instead,
he´ll get what he needs. La carta se imprime, se dobla y se mete en un
sobre, es importante colocarle una estampilla certificada del país de origen.
Estampillas viajan en
distintas direcciones, horarios, unas van en camiones, otras en burro, aviones,
barcos, cigüeñas, todas van a algún lugar, son pasaportes de historias.
El viejo señor abre su tienda
de lunes a sábado a partir de las 11 de la mañana hasta las 2 de la tarde, hora
en la que se retira para comer y echar una siestita antes de volver a las 4
para continuar su faena hasta las 7. Es un “jovi”, no gana en metálico, gana en
felicidad, ¿por qué?, porque es el custodio de versiones fosilizadas de
pasaportes, como la felicidad, solo momentos, efímeros, pedacitos que juntos en
el álbum, organizados por fechas y países de origen, conforman un gran
compendio, si, como la felicidad, muchos pedacitos, todos unidos, al final,
forman LA FELICIDAD.
La carta llega a su destino,
es leída, una lagrima cae y se escurre en la tela de un pantalón ruyido, justo
a la altura de la rodilla. Con mucha rabia, el sobre es arrugado junto con su no
deseado contenido y ambos van a parar a la basura, al lado de una lata de
fabada asturiana y unas servilletas manchadas con salsa de tomate, también
allí, acurrucada, esta la estampilla, esa misma que certificó el viaje de la
muy poco deseada carta de ruptura.
El viejo señor ya no está,
en su lugar, un sobrino, atiende la tienda, han pasado ya 12 años desde que
Custodio Estampillo Felicce falleciera como consecuencia de un ataque al
corazón, la carga de las estampillas fue demasiada.
Son las 6 de la tarde y solo
falta una hora para el cierre, “sobrino” se dispone a recoger el mostrador
cuando un niño barbudo y de baja estatura entra a la tienda. Después de media
hora de “jurungadera”, el niño descubre una estampilla vulgar, de las más
baratas, manchada con algo parecido a tomate, Simón Bolívar, es una estampilla
venezolana del año 2015, ciertamente, algo muy lejano a ser un articulo
precioso de colección. Por 0,50 Euros adquiere la estampilla y se retira.
Querida MVRG,
La felicidad no existe, solo existen momentos felices, que vamos
coleccionando a lo largo de nuestras vidas, hay sonrisas, hay picardía,
lagrimas, chocolate, películas, goles, Messi, Aita, Ama, perritos, sol, viajes,
derrotas, victorias, estampillas, “jovis”, zapatos, amigos, amores platónicos,
libros, amaneceres, café XXL, Bounty, “eslais” de pizza, playa, tios, sobrinos,
Chulo, Pigo, Leo, saltar, aviones, paracaídas de reserva, jonrón en el noveno
para dejar a los Leones en el terreno, bizcocho de Alazne, esperanza, Nelson
Mandela, Eddy, Zack, Maynard, música, bocadillo de jamón serrano a la plancha,
asiento del copiloto, tiramisú hecho con queso crema, maní, tu.
Todos son como estampillas que vamos coleccionando para pegarlas en un
álbum y de viejitos echarles un ojo y reir, recordando lo efímero de los
momentos. Te dije, la felicidad no existe, no la busques, ella está en todas
las estampillas, en todos los momentos, ¿ok?.
Mi álbum tiene mucho espacio todavía, me gustaría que me acompañes a
llenarlo de estampillas, si te parece bien, podemos vernos en el verano, te
mando una estampilla que acabo de comprar, es venezolana del año pasado y esta
manchada, quisiera inventarle una historia para que sea la primera de nuestro álbum.
Te amo,
Niño
barbudo y de baja estatura
La carta fue depositada en un buzón de correos amarillo, con su
respectiva estampilla, cara de tarado del Rey Juan Carlos, Barcelona, 9 de
marzo del 2016. La colección de estampillas puede continuar, a espera de la
respuesta, una sonrisa seguro se asoma desde el balcón del cielo, cuando Custodio
Estampillo Felicce observa el viaje de la carta, porque alguien entendió, Ser feliz es un jovi, como el suyo…

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