miércoles, 9 de marzo de 2016

SER FELIZ ES UN JOVI

Una pequeña tienda de estampillas antiguas es atendida por un señor viejo, como sus estampillas. Sellos de distintas épocas almacenados en álbumes organizados por fechas y países de origen, cada uno con una historia, algo que contar…
En algún lugar del mundo, en este momento, alguien está sentado en un café y escribe una carta, ya no usa pluma, teclea sobre su ordenador y de fondo suena una versión bien “lenteja” de You can´t always get what you want, muy irónico, esa persona esta justamente en ese café porque se levanto preguntándose por qué no puede conseguir lo que quiere, maybe is because that person won´t get what he wants, instead, he´ll get what he needs. La carta se imprime, se dobla y se mete en un sobre, es importante colocarle una estampilla certificada del país de origen.
Estampillas viajan en distintas direcciones, horarios, unas van en camiones, otras en burro, aviones, barcos, cigüeñas, todas van a algún lugar, son pasaportes de historias.

El viejo señor abre su tienda de lunes a sábado a partir de las 11 de la mañana hasta las 2 de la tarde, hora en la que se retira para comer y echar una siestita antes de volver a las 4 para continuar su faena hasta las 7. Es un “jovi”, no gana en metálico, gana en felicidad, ¿por qué?, porque es el custodio de versiones fosilizadas de pasaportes, como la felicidad, solo momentos, efímeros, pedacitos que juntos en el álbum, organizados por fechas y países de origen, conforman un gran compendio, si, como la felicidad, muchos pedacitos, todos unidos, al final, forman LA FELICIDAD.
La carta llega a su destino, es leída, una lagrima cae y se escurre en la tela de un pantalón ruyido, justo a la altura de la rodilla. Con mucha rabia, el sobre es arrugado junto con su no deseado contenido y ambos van a parar a la basura, al lado de una lata de fabada asturiana y unas servilletas manchadas con salsa de tomate, también allí, acurrucada, esta la estampilla, esa misma que certificó el viaje de la muy poco deseada carta de ruptura.

El viejo señor ya no está, en su lugar, un sobrino, atiende la tienda, han pasado ya 12 años desde que Custodio Estampillo Felicce falleciera como consecuencia de un ataque al corazón, la carga de las estampillas fue demasiada.
Son las 6 de la tarde y solo falta una hora para el cierre, “sobrino” se dispone a recoger el mostrador cuando un niño barbudo y de baja estatura entra a la tienda. Después de media hora de “jurungadera”, el niño descubre una estampilla vulgar, de las más baratas, manchada con algo parecido a tomate, Simón Bolívar, es una estampilla venezolana del año 2015, ciertamente, algo muy lejano a ser un articulo precioso de colección. Por 0,50 Euros adquiere la estampilla y se retira.
Querida MVRG,
La felicidad no existe, solo existen momentos felices, que vamos coleccionando a lo largo de nuestras vidas, hay sonrisas, hay picardía, lagrimas, chocolate, películas, goles, Messi, Aita, Ama, perritos, sol, viajes, derrotas, victorias, estampillas, “jovis”, zapatos, amigos, amores platónicos, libros, amaneceres, café XXL, Bounty, “eslais” de pizza, playa, tios, sobrinos, Chulo, Pigo, Leo, saltar, aviones, paracaídas de reserva, jonrón en el noveno para dejar a los Leones en el terreno, bizcocho de Alazne, esperanza, Nelson Mandela, Eddy, Zack, Maynard, música, bocadillo de jamón serrano a la plancha, asiento del copiloto, tiramisú hecho con queso crema, maní, tu.
Todos son como estampillas que vamos coleccionando para pegarlas en un álbum y de viejitos echarles un ojo y reir, recordando lo efímero de los momentos. Te dije, la felicidad no existe, no la busques, ella está en todas las estampillas, en todos los momentos, ¿ok?.
Mi álbum tiene mucho espacio todavía, me gustaría que me acompañes a llenarlo de estampillas, si te parece bien, podemos vernos en el verano, te mando una estampilla que acabo de comprar, es venezolana del año pasado y esta manchada, quisiera inventarle una historia para que sea la primera de nuestro álbum.
Te amo,
Niño barbudo y de baja estatura



La carta fue depositada en un buzón de correos amarillo, con su respectiva estampilla, cara de tarado del Rey Juan Carlos, Barcelona, 9 de marzo del 2016. La colección de estampillas puede continuar, a espera de la respuesta, una sonrisa seguro se asoma desde el balcón del cielo, cuando Custodio Estampillo Felicce observa el viaje de la carta, porque alguien entendió, Ser feliz es un jovi, como el suyo…



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