Miles de personas
enloquecidas, tetas al aire, rayas de perico, merchandasing, cerveza,
culos y silicón en el backstage, más rayas de perico, Cerati tres años vegetal…
Sentimientos amplificados
por grandes cornetas, masivos, admirados por todos, al final, cuando el pico de
euforia alcanza su tope, todos queremos regresar a lo mismo, desenchufar por un
rato, tomar la guitarra acústica y compartir un “te para tres…”
Nos sentimos atraídos por
aquello que grita, eso que encandila, el sufijo “K” al lado del número de
seguidores de una cuenta de instagram,
no nos damos cuenta de que la vida se esta convirtiendo en un “juego de
seducción”, en donde unos son mayordomos y otros hacen el papel de señoras
fieles.
La pantalla nos presenta una
ilusión que deseamos con todas nuestras fuerzas se convierta en realidad, una
“sobredosis de TV” difícil de resistir, el aire demasiado denso y ni siquiera
estás aquí. Pasamos de la ilusión a la desesperanza y por momentos solo
queremos ocultarnos bien y desaparecer entre la niebla.
Nos hicieron creer que la
felicidad está en la aceptación de los demás, por eso queremos ser vistos,
encajar y ser del agrado de la mayoría, nos metimos en un espiral de
pensamientos destructivos para tomar el bus que lleva por el camino “correcto”,
así la vida “usa nuestra cabeza como un revolver”, es un suicidio. Ya no
sabemos estar solos con nosotros mismos, porque con tanta información no
conocemos en realidad quiénes somos.
La verdad es que siempre
podemos decidir, hay una “primavera 0” para todos los que decidan parar, cerrar
los ojos, respirar y aprovechar nuevas chances, una vuelta más, entera.
Todavía podemos comprar
entradas para un concierto de vida mas intimo, desconectado de lo que hay allá
afuera, escuchar solos de nostalgia, golpes de bajo que dibujan sueños,
baquetazos salpicando lagrimas, coros que despiertan pasiones, letras que
abrigan esperanza.
Siempre, siempre, alguien
tendrá una bella canción para cantarnos…

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